
Revolcándome con esa fiel amante, llamada Melancolía, atrapado en mi mundo sin salida de incoherencia infantil y oscura, mirando paredes grises, soles y atardeceres en blanco y negro, imaginaba regando mi césped gris y recogiendo las hojas negras de los arboles tenebrosos de mi feliz patio de juegos, recojo cuchillos y revólveres junto con lazos y filosos cristales rotos los cuales devuelvo a mi didáctica e inocente caja de juguetes para utilizarlos en dichosas tardes de lluvia y llanto, cuando la felicidad máxima de la tristeza, colme de sonrisas mi rígido temple.
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